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“Cuando estamos tristes estamos embarazados del futuro”

La frase del poeta Rainer Maria Rilke puede ayudarnos a hablar del luto, un recorrido que nos lleva a reinventar la vida después de la muerte y puede transformarnos positivamente.

 

Imagen: Death to Stock

Vivir el luto es vivir la muerte. Es permitirse todos los sentimientos que nos trae la experiencia de la pérdida: tristeza, rabia, revuelta, negación, angustia, depresión… Es recorrer el camino que nos lleva a ACEPTAR la ausencia de la persona que se fue y a ser capaces de resignificar la relación con ella a partir del vacío.

“Cuando estamos tristes estamos embarazados del futuro”, escribió Rainer Maria Rilke en un trecho de su libro publicado en portugués con el título ‘Cartas a um jovem poeta’. La frase también vale para la tristeza causada por la pérdida de un ser querido. Al fin y al cabo, somos obligados a gestar un nuevo futuro sin la presencia de quien nos dejó.

En ese sentido, el luto es un proceso. Pero es también una construcción social y por ello ha ido adquiriendo diferentes “formas” a lo largo del tiempo.

En el siglo 18, la muerte era un acontecimiento público. El cortejo fúnebre desfilaba por las calles y era acompañado también por los niños. Incluso se alentaba la presencia de los pequeños en las velaciones porque se creía que ellos serían ángeles que ayudarían a la persona que partía a llegar más fácilmente al cielo. Hasta principios del siglo 19, manifestar el dolor de la pérdida de manera dramática (gritar, llorar fuerte) era la regla, pero a lo largo de las décadas tal explosión de sentimientos pasó a ser vista como poco elegante y “pasó de moda” por completo en el siglo 20.

Desde entonces, hemos ido desaprendiendo a vivir el luto. La tristeza, independientemente de su naturaleza, deja de tener lugar en las conversaciones y pasa a considerarse desaconsejable, incluso en la vida íntima de cada uno. Se crean medicamentos para combatirla. En una sociedad que no acepta perder nada (dinero, tiempo, juventud) ya no sabemos como lidiar con la pérdida inevitable de la vida.

A nosotros nos da miedo hablar de la muerte y cuando eso ocurre tocamos madera y pedimos protección. Creemos que al hablar de ella podemos atraerla de alguna forma. Al negar la muerte, perdemos la oportunidad de vivir la vida con más plenitud. Quienes pasaron por experiencias de casi-muerte suelen rever sus decisiones, ya que el saber del fin nos hace ser conscientes de que la vida es única y que el tiempo (ése es el que lo suele curar todo) también pasa. El tiempo está pasando ahora, mientras escribo estas líneas. También para ti, mientras las lees.

Ése es un texto en defensa de la presencia de la muerte. En defensa de la tristeza, en defensa del luto. “Cuando estamos tristes estamos embarazados del futuro…”